
NUESTRA HISTORIA
El haber encontrado restos arqueológicos en el “avenc del Merla” demuestra la presencia de pobladores en este término desde tiempos muy antiguos. De la época romana nos ha quedado el Arc de Barà, el monumento más emblemático de la localidad, que juntamente con el resto del conjunto de Tárraco fue declarado recientemente Patrimonio de la Humanidad.
La primera cita documental de los términos de Roda y Berà data del 28 de Noviembre de 1010, cuando ambos términos aparecían como límites meridionales del castillo de Albinyana, en un legado de tierras hecho por un noble al monasterio de Sant Cugat. A finales del siglo XI los lugares de Roda y Berà ya eran pequeños núcleos habitados y fortificados.
Uno de los primeros señores del término fue el insigne Mir Geribert d’Olèrdola, quien a mediados del siglo XI hizo donación del mismo a la abadía de Cluny con la voluntad de que crearan aquí un enclave religioso fortificado. Los monges de Cluny no tardaron en poner dichas tierras bajo la administración directa del monasterio de Sant Pere de Casserres, encargado de gestionar las posesiones catalanas de la abadía francesa. El mandato del monasterio osonense estuvo presidido por una cierta dejadez debido a la lejanía y a la escasedad de monjas, lo que hizo que a menudo la nobleza de los alrededores usurpara las rentas que le correspondían.
Durante la Edad Media, los lugares de Roda y Berà fueron pequeñas agrupaciones de “masos”, un poco a la sombra de Creixell, el único de estos lugares que adquirió el rango de Vila, por lo que fue cerrado con una muralla. Con el tiempo, el núcleo de Berà acabaría siendo abandonado y el de Roda consolidándose como pueblo, lo que hizo que a mediados del siglo XVI obtuviera el primer jurado propio.
El año 1573 se produjo la unión de Sant Pere de Casserres al colegio jesuita de Betlem de Barcelona, que se convierte en el nuevo señor territorial y, entre otras cosas, pronto elabora unas ordenanzas de buen gobierno. El aumento demográfico de Roda se refleja en la ampliación de su iglesia a lo largo del siglo XVII y en la partición administrativa con Creixell, hecha efectiva el 1710. En la década del 1720 se acaba la reconstrucción del templo de Berà, convertido ahora en ermita bajo la advocación de la Virgen.
Con la expulsión de los jesuitas del estado español en 1767, todos sus bienes pasan a la Corona. Una parte importante de sus rentas y posesiones del colegio de Betlem de Barcelona, entre ellas los señoríos de Creixell, Roda y Berà, son compradas el 1773 por el rico comerciante de origen reusense Salvador de March i Bellver. Los March se convirtieron en señores del término hasta la abolición definitiva de los señoríos el 1837. Durante este período cabe destacar la construcción de cuatro molinos hidráulicos de harina, obra promovida por Francesc de March y Santgenís para conseguir mejorar la productividad de las tierras.
A mediados del sigo XIX Roda es un pueblo eminentemente agrícola, con una población que sobrepasa los 700 habitantes. Los principales cultivos son la uva, el maíz, el aceite, las algarrobas y las legumbres. En las últimas décadas de esta centuria cabe citar una nueva ampliación de la iglesia parroquial y la inauguración de la estación, convertida en un destacado enclave ferroviario.
Después de la Guerra Civil se inicia un sensible declive demográfico que no cesa hasta los inicios de la década de los 60, momento en que el fenómeno turístico empieza a favorecer la urbanización de la zona y la llegada de numerosa mano de obra procedente de otras zonas del estado. Durante aquellos años se aprueba el Plan de ordenación de la zona costera del término, que llenará de segundas residencias el litoral rodense. Asimismo, se desarrollan otros planes parciales en la zona interior del término. Todo ello hace que el pueblo se oriente cada vez más hacia el sector servicios y la construcción, sectores que predominan actualmente.
La Alcaldesa
